We agree to disagree
Siempre fui una persona de opiniones extremas: amo u odio, pero casi nada me resulta indiferente. Las cosas “son geniales y no entiendo como el resto no lo ve” o “son horribles y deberían morir”. Una de las cosas más importantes que aprendí en el último año es la tolerancia. Algo que queremos que los alumnos entiendan cuando les explicamos qué es la motivación y cómo debe utilizarse al dirigir un equipo es que a todos nos mueven cosas distintas, y que eso tiene que ver con nuestro background y nuestro valores. Curiosamente, enseñándolo lo aprendí.
Hace unos meses leí “Ender’s game” de Orson Scott Card y me encontré con una frase maravillosa, en la que Ender explica su genio táctico:
In the moment when I truly understand my enemy, understand him well enough to defeat him, then in that very moment I also love him. I think it’s impossible to really understand somebody, what they want, what they believe, and not love them the way they love themselves. And then, in that very moment when I love them, I destroy them.
Y creo que ahí está la clave: es imposible entender en serio a una persona, sus motivaciones, lo que creen y lo que aman y odiarlos. Es imposible odiar lo que se entiende hasta los huesos.
En el último año me vi expuesta a un montón de situaciones que me hicieron cuestionarme lo que está bien y lo que está mal. Y me convertí un poco en relativista: excepto algunos casos extremos, no hay cosas que estén inheremente bien o mal. Nada es tan bueno ni tan malo, y que otras personas no tengan las mismas ideas que yo sobre las cosas no hace que lo que opinen esté mal. Ya no intento ganar discusiones y hacer entender a la otra persona, si no que intento entender a la otra persona. Dirán que me volví tibia, pero yo prefiero verlo como un tipo de crecimiento personal.
364 días después
A mí no se me da casi nunca por hacer balances, pero mañana es mi cumpleaños y este año fue tan duro emocionalmente que me puse a hacer un odioso repaso mental. Veinticuatro: significa que el año que viene van a ser 25, un cuarto de siglo, y ya de solo decirlo siento que me estoy poniendo vieja.
En estos últimos 364 días decidí desafiar mis límites y salir de mi zona de comfort. Y la pasé mal, muy mal. Sufrí, pero soy demasiado terca como para rendirme. Si los trabajos fueran relaciones, podría decir que me partieron el corazón dos veces cuando intentaba escaparme de una relación abusiva. Me dejé estar y me dejé llevar, en general para mal. Decidí no dejar que me ganaran las circunstancias, que yo podía ser más fuerte. Pero no sé si lo fui. Luché contra mi corazón que pugnaba por ser feliz, por seguir una pasión. Dejé que me enjaularan la energía y me apagaran la motivación.
Los veintitrés años fueron, sobretodo, de autoconocimiento: de conocer mis límites, mis motivaciones, mis pasiones. No todo fue malo: decidí ir detrás de uno de mis sueños y me salió bien. Aprendí a separar, a disciplinarme y a controlar los impulsos. Bueno, eso último no me salió tan bien. Dejé de postergar y empecé a cumplir con lo que quería.
Y por eso, este cumpleaños me espera mejor de lo que creía: con un nuevo destino laboral, con un nuevo desafío, con nuevas alegrías y un futuro que, desde acá, se ve muy, muy brillante.
Sobre leer
The best moments in reading are when you come across something – a thought, a feeling, a way of looking at things – that you’d thought special, particular to you. And here it is, set down by someone else, a person you’ve never met, maybe even someone long dead. And it’s as if a hand has come out, and taken yours.
(Alan Bennet en The History Boys)
For the record
Hoy lloré de felicidad.
5 minutos para el impacto
Me despierto o algo así. No sé si realmente estoy despierta porque voy con los ojos cerrados. Mis neuronas se toman su tiempo para hacer sinapsis, casi que puedo sentir el impulso eléctrico viajando por ellas como si fuera en cámara lenta.
Algo me llama la atención, algo no está funcionando. Algo que debería estar ardiendo toma lugar en el entumecimiento. Neurona 1, neurona 2, dendrita, núcleo, axón, dendrita, núcleo, axón. La información se queda quieta y no entiendo por qué, pero tampoco entiendo que no estoy entendiendo.
Un obstáculo salvaje ha aparecido. Instinto de preservación, yo te elijo. El instinto de preservación ha utilizado “Self-defense”. Ha sido inefectivo.
Las neuronas se agitan. Señores, prepárense para el impacto. Ha sido un placer volar con ustedes.
Cinco años
Cada tanto me preguntan “¿Dónde te ves en 5 años? ¿Y en 10?” y yo detesto esas preguntas. Hoy me di cuenta que estoy en el lugar que quería estar cuando tenía 18, pero también me di cuenta de algo más terrible: el lugar en el que estoy no es en el que quiero estar.
Supongo que significa que alcancé las metas de mi yo adolescente, pero también significa que crecí y que mis metas y mi manera de ver el mundo también cambiaron. Y supongo, también, que entonces no es tan terrible querer estar en otro lado.
Mejor no hablar de ciertas cosas
Hay cosas de las que no quiero hablar. Muy en el fondo pienso que si no hablo de ellas de alguna manera no son reales, como cuando era chica y cerraba los ojos… tal vez si no creo en ello entonces no existe. Tal vez si no hablo de ello no pasó.
De vez en cuando vienen a mi cabeza episodios aislados o épocas enteras de mi vida de las cuales todavía no puedo reírme, o por lo menos “para adentro”, y aunque ya no pueda (o prefiera) recordar las emociones asociadas – la vergüenza y el dolor, sobretodo – me gusta pensar que si sacudo la mano y dejo de pensar en eso, tal vez se va a borrar de la historia. Nadie tiene por qué saberlo.
Alguna vez leí que las situaciones más fuertes de nuestras vidas dejan una impresión tan profunda que con tan solo pensar en ellas podemos revivir las emociones que nos provocaron, volver a sentirlas como si nos estuvieran pasando en ese instante por primera vez. A veces, cuando pienso en estas cosas, deseo con todas mis fuerzas poder dejar de evocar esas emociones, dejar de sentir otra vez la vergüenza que me provoca y que nadie conoce. Pero entonces pienso en otras cosas y pienso en que sí, que por suerte puedo olvidarme de algunas cosas, y de las que no puedo olvidarme con el tiempo puedo reconciliarme y dejar de revivir el dolor.
The Holstee Manifesto
This is your life.
Do what you love, and do it often. If you don’t like something, change it. If you don’t like your job, quit. If you don’t have enough time, stop watching TV. If you are looking for the love of your life, stop; they will be waiting for you when you start doing things you love.
Stop over analyzing, life is simple.
All emotions are beautiful. When you eat, appreciate every last bite. Open your mind, arms, and heart to new things and people, we are united in our differences. Ask the next person you see what their passion is, and share your inspiring dream with them.
Travel often; getting lost will help you find yourself.
Some opportunities only come once, seize them.
Life is about the people you meet, and the things you create with them so go out and start creating.
Life is short.
Live your dream, and wear you passion.
(fuente)
Buena para nada
Algunos días pienso en que me gustaría ser buena, realmente buena, outstanding en algo. Desearía que no todo me costara tanto, y que aún después de costarme no fuera mediocre en ello. No soy especialmente buena en lo que hago, ni en matemática, ni en física, ni tocando el piano, ni bailando, ni cocinando, ni dibujando, ni pintando, ni tejiendo, ni eligiendo cosas, ni jugando. No tengo talento para absolutamente nada.
¿Es un poco depresivo pensar en eso, no?
The best moments in reading are when you come across something – a thought, a feeling, a way of looking at things – that you’d thought special, particular to you. And here it is, set down by someone else, a person you’ve never met, maybe even someone long dead. And it’s as if a hand has come out, and taken yours.
